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    2019-04-24


    Una polémica entre traductores Probablemente, mientras traducía China en armas, Owen leyó y reseñó la traducción de El diablo en el cuerpo de Raymond Radiguet, hecha por Ángel Samblancat. Aun cuando aquél se dedica fluvastatin perorar sobre la vida y la obra de Radiguet, a partir de los testimonios de Cocteau, al final de la reseña hay una serie de reparos contra la traducción de Ángel Samblancat que desatará una breve, pero significativa, polémica desconocida:
    Esta valoración trajo como consecuencia la irónica, y muy airada, respuesta del “ofendido” traductor de fluvastatin Radiguet. Owen, acaso, se hallaba preparando su vuelta a Colombia y pudo apenas enterarse de la carta que Samblancat envió a Barreda, provocadora desde la misma fecha, “a 18 Floreal de 1944”. Aunque parezca muy extensa, reproduzco íntegramente la misiva aparecida bajo el rótulo “Una carta de traductor”, pues si bien Samblancat la envía al “Sr. Director de El Hijo Pródigo”, también entabla un diálogo indirecto con otro traductor experimentado:
    Como respaldo a uno de sus colaboradores, en seguida de esta carta, y en la misma página, se reproduce una “Respuesta de EHP” que suena más a ironía que a respuesta:
    Este artículo sobre Owen, traductor, como se aprecia, ha buscado, siquiera con sobriedad, saldar una deuda pendiente con Owen, en particular, y con la literatura mexicana, en general: me pregunto por qué las obras de un escritor no incluyen los productos de su labor mediadora como traductor, mientras sus textos críticos merecen un valor preponderante junto a la obra literaria propiamente dicha. Aun cuando resulta imposible hacer un seguimiento puntual de la influencia de las obras traducidas por un autor determinado, en este caso Owen, considero que su repercusión debe enmarcarse, primero, en las publicaciones que le dan cabida y, luego, dentro de la disputa por los espacios simbólicos en que se inscriben sus traducciones. En ese sentido, las mediaciones owenianas adquieren una relevancia incontestable, pues se hallan en el centro de las disputas ideológicas y literarias de los años veinte, y aun posteriores, que configuraron el devenir de la literatura mexicana moderna.
    Una identidad provisional para la poesía mexicana más reciente No voy a integration entrar en la discusión teórica sobre el concepto de “generación” por una buena razón: otros lo han hecho muy bien y con excelentes resultados; hoy podemos acercanos al problema desde una perspectiva eminentemente teórica, como la de Eduardo Mateo Gambarte, o desde ingeniosas propuestas prácticas como la iniciativa de Gabriel Zaid en su , donde ya se advierten muchos de los problemas que se intentarían solucionar después, hasta llegar a los esfuerzos multiplicados en ejercicios críticos bien calculados, en ocasiones atrevidos, como los de Evodio Escalante (1985), Gustavo Jiménez Aguire, Ernesto Lumbreras y Hernán Bravo Varela, Rodolfo Mata (2004 y 2006), Samuel Gordon (129-133), Julián Herbert (2010: 20-23), Malva Flores (81-195) o Maricela Guerrero (83-94) (aunque es bien cierto que, en muchos de los casos, se refieren a promociones anteriores a la que trato aquí). El camino del empirismo ofrece resultados probados; por el contrario, la definición teórica de una generación fracasa por su enorme grado de generalización (y por escepticismo y hasta rechazo de los propios miembros; por ejemplo, Maricela Guerrero: 83-85). Encontrar los perfiles de una generación, por supuesto, no resulta sencillo: al estar constituida por poetas que publican su primer libro durante la década del 2000, nacidos en su mayoría alrededor de 1975-1985, representan la siguiente generación al grupo que ya Samuel Gordon había identificado en 2004 por su trabajo individual, su dispersión geográfica, su variedad de estéticas, su pluralidad ideológica y, en suma, por una “similitud de lo disimilar” (Gordon: 138-140). Por otro lado, sería de esperar que el fenómeno de sobrepoblación poética que advertía Gabriel Zaid en la Asamblea de poetas jóvenes de México (1980: 12 y Lumbreras y Bravo Varela: 18-19) se haya agudizado y que el panorama de dispersión esbozado por Gustavo Jiménez Aguirre solo se haya vuelto más abigarrado, ante la falta de una voz hegemónica expresada en los formatos de una antología poética o una revista influyente, situación que comparten con los poetas de generaciones previas (74-75).